El ser humano (segunda parte) – La razón

  1. La naturalización de las propias costumbres
  2. La particularidad del ser humano
  3. La increíble pluralidad de las costumbres
  4. La razón como verdadera diferencia

El ser humano (segunda parte): La razón (apuntes en PDF)

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS usadas para la confección de estas páginas (con añadidos y modificaciones con un fin exclusivamente educativo):

  • Texto principal: Carlos Fernández Liria y otros (Grupo Pandora), Filosofía y ciudadanía, 1º de Bachillerato, Editorial Akal, Madrid, 2011 (más el libro-guía del profesorado)
  • Otros: Referencias y citas que se van detallando a lo largo de los apuntes.

(en construcción)


PREGUNTAS PARA DISERTAR:

  • Ante la pluralidad de costumbres que podemos observar en las diversas culturas humanas, ¿puede decirse que algunas costumbres son más «naturales» que otras?
  • ¿Qué es aquello que diferencia al ser humano del resto de animales?
  • ¿Qué significa que el hombre es un «animal racional»?

La naturalización de las propias costumbres

Como hemos venido señalando en el tema anterior, la idea de una supuesta naturaleza humana con determinadas características ha servido de manera persuasiva y recurrente para justificar injusticias sociales, aportando un barniz de cientificidad falsa. A día de hoy se pueden detectar argumentos de estas características para naturalizar el modelo de sociedad actual, apelando a una supuesta naturaleza humana -en realidad, simplificada- según la cual, por ejemplo, los individuos solamente aspirarían a maximizar su propio beneficio económico.

José Manuel Naredo, Taxonomía del lucro, Editorial Siglo XXI, Madrid, 2019, p. 25

ENTREVISTA JOSE MANUEL NAREDO – TMEX TU TELEVISIÓN SOCIAL – 29 may. 2015

Este tipo de utilizaciones fraudulentas del concepto de naturaleza humana que han servido para justificar la ausencia de igualdad en las sociedades, también se han utilizado para justificar la ausencia de libertad. Con la llegada de la Modernidad, se dejaron atrás -al menos, en principio- las justificaciones de orden religioso, y las justificaciones de orden natural vinieron a sustituir a aquéllas. De este modo, mientras que en la Edad Media cabía reprimir a los que se salían de las costumbres populares acusándolos de no seguir los dictados de Dios, en la actualidad es más común escuchar a quienes sancionan a los individuos porque no encajan con sus esquemas particulares de entender la felicidad, acusándolos de no encajar con lo que es «natural».

Así, por ejemplo, es posible encontrar justificaciones del presunto carácter normativo y, por lo tanto, obligatorio del matrimonio homosexual que se basan en el supuesto carácter natural de la heterosexualidad. Las múltiples formas de sexualidad humana no concordantes con la heterosexualidad normativa serían, desde este punto de vista, antinaturales o patológicas, así como desviaciones más o menos toleradas o reprimidas en función de la permisividad de cada cultura, pero, en todo caso, antinaturales.

Rafael Termes, «No puede ser en derecho lo que no es por naturaleza», en El País, 27 de oct. de 2004

ACTIVIDADES (para realizar en el cuaderno/portafolio y comentar en clase):

18. EL MUNDO ACTUAL: En Irán «no existe» la homosexualidad. La represión de la homosexualidad es tan dura en Irán que ni siquiera es reconocida su mera posibilidad: si a un varón le gustan los varones, entonces -«deducen»- es que en el fondo se trata de una mujer. De este modo, cualquiera puede someterse a una operación de cambio de sexo en la Seguridad Social pública de Irán, lo cual constituye la única vía legal de los homosexuales para vivir su vida sin ser castigados en la horca: someterse a una operación de la que muchos se arrepienten.

A) ¿En cuántos países se consideran todavía delito las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo? Nombra algunos de estos países.
B) ¿Cómo se define en esta página la orientación sexual?
C) Según Amnistía Internacional, ¿qué son los derechos LGTBI y por qué son importantes?

19. DESCONOCIMIENTO CARNAL: Lee este texto del antropólogo Marvin Harris que trata sobre la sexualidad humana (lo puedes descargar AQUÍ) y responde a las siguientes preguntas:

Marvin Harris, Nuestra especie, Alianza Editorial, Madrid, 1995, pp. 182 y ss.

A) Lee el texto y resumen en pocas líneas el contenido del mismo.
B) ¿Por qué afirma el autor que «por mucha sabiduría que hayamos acumulado, nuestros conocimientos carnales continúan siendo incompletos? (p. 183).
C) Según el autor, ¿qué método («sencillo aunque derrochador») ha ideado la selección natural para conseguir la unión del óvulo y del espermatozoide humanos? (p. 190)
D) ¿Qué te ha parecido el texto? ¿Crees que has aprendido algo nuevo o te ha movido a alguna reflexión nueva?


Lo cierto es que existe una pluralidad de usos del término «naturaleza humana», por lo que cabría preguntarse lo siguiente: ¿qué es lo natural en el hombre? ¿Cuál es la naturaleza humana?

La particularidad del ser humano

¿Es el ser humano un animal más, aunque dotado de una mayor complejidad? Esta es una de las preguntas fundamentales de la antropología (el campo de conocimiento que se encarga del estudio de la realidad humana). Distinguir lo que es el hombre de lo que no es es un primer paso para definir cuál es el campo de lo antropológico, en qué consiste ese ente tan particular que somos nosotros mismos.

Pues parece claro que las vacas pastan y dan leche, que las garrapatas chupan la sangre de otros animales, que las gallinas ponen huevos… parece que todos los animales tienen una esencia definida, una función, una papel concreto en el mundo, una naturaleza. Pero, ¿cuál es la esencia, la naturaleza del ser humano? ¿Cabe definir la naturaleza humana del mismo modo que definimos la naturaleza de los perros o de las arañas? En cierto sentido, sí que cabe hablar de que el hombre tiene una naturaleza, al igual que el resto de las especies. Sin embargo, parece que el ser humano constituye un ser vivo distinto a cualquier otro que se le pudiera parecer, hasta el punto de que nos cuesta clasificarlo como «un animal más». La razón posible de esto es que el hombre no tiene una esencia cerrada, una guía genética concreta. Lo biológico en el ser humano consiste en estar abierto a lo no biológico.

Los animales se relacionan con la naturaleza de modo inmediato, sin ninguna mediación: recurren a ella directamente y se protegen directamente de ella. En cambio, los seres humanos disponemos de todo un sistema que nos permite interponer algo en nuestra relación con la naturaleza: el trabajo. Los hombres fabricamos herramientas de trabajo y establecemos sistemas económicos para trabajar la naturaleza. Y esto lo hacemos con una complejidad tal que, en último término, ya no cabe decir que el hombre se adapte a la naturaleza, puesto que es más cierto asumir que lo que ocurre es que el hombre se adapta a eso que ha salido de él para interponerse entre él y la naturaleza, y que genéricamente podemos denominar cultura.

El hombre es un «compuesto» de naturaleza y cultura. Los animales, especialmente cuanto más simples son, están más atados a sus instintos, a los impulsos que son ordenados por su carga genética. Pero el hombre, en cambio, nace «sin hacer» del todo. Es a través de la mediación con la cultura que le rodea como el ser humano puede desarrollarse y convertirse propiamente en humano. Podríamos decir, entonces, que el hombre tiene dos naturalezas: la primera de ellas, biológica; la segunda, cultural.

Por supuesto, existen otros animales que son capaces de «aprender», por ejemplo, imitando a sus congéneres. Así, los chimpancés poseen conductas que son ligeramente distintas en función del grupo al que pertenecen. ¿Sería, entonces, la diferencia del ser humano con respecto a los animales meramente gradual? Podría parecerlo si tuviéramos una visión ingenua de la conexión entre naturaleza y cultura, una visión en la cual viéramos su relación como un mero solapamiento: tendríamos, por una parte, una naturaleza biológica, similar a la de cualquier animal y, por otra parte, una formidable cultura, diferente a la de cualquier otro ser vivo. Pero esta visión simplista no parece encajar del todo con la realidad de lo humano. Parece claro que nosotros, nuestras manos y nuestro cerebro, nos adaptamos a una cultura que nos encontramos ya instalada al nacer. El ser humano, tanto a nivel filogenético (relativo al origen y desarrollo de la especie) como a nivel ontogenético (relativo al origen y desarrollo del individuo), es un ser en el que lo biológico está subordinado a lo cultural. ¿Qué quiere decir esto? Que en el caso del ser humano, la naturaleza (la naturaleza humana) es dual, y no simplemente biológica. Esta característica es una primera diferencia entre el hombre y el animal.

20. EVOLUCIÓN BIOLÓGICA Y EVOLUCIÓN CULTURAL: Lee este texto del biólogo Francisco José Ayala (lo puedes descargar AQUÍ) en el que se trata el tema de la naturaleza dual del ser humano (biológica y cultural). A continuación, responde a las siguientes cuestiones:

Francisco J. Ayala, La naturaleza inacabada. Ensayos en torno a la evolución, Salvat, 1994, p. 224

A) ¿En qué consiste la herencia biológica en el ser humano? (p. 224).
B) ¿En qué consiste la herencia cultural en el ser humano? (p. 224).
C) ¿Qué significa la palabra «cultura» en el sentido en el que la usa el autor del texto? (p. 225).
D) ¿Cuáles son las dos maneras, según el autor, de adaptación de la especie humana a su ambiente? ¿Cuál es la más eficaz y por qué? (p. 225).

Afirmando que la naturaleza humana es dual, y no simplemente biológica, distinguimos al hombre del animal en un sentido muy determinado: mientras que el animal se define principalmente por sus rasgos biológicos, el ser humano no está configurado por sus rasgos biológicos, pues estos rasgos biológicos del ser humano solo pueden ser entendidos a la escala de la cultura. Pero esta no es la diferencia fundamental entre el hombre y el animal. La diferencia fundamental, aquello que verdadera y radicalmente diferencia al hombre de cualquier otro ser, es lo que el hombre tiene de «racional». El hombre es un «animal racional». La dualidad de la naturaleza humana -que se encuentra entretejida por lo biológico y lo cultural, como hemos dicho-  nos serviría para explicar la parte «animal» del compuesto «animal-racional». Esta dualidad biología-cultura establece, podemos decir, las condiciones sobre las cuales la parte «racional» del hombre puede «germinar». Sin embargo, no podemos explicar la dimensión racional del hombre a partir de su dimensión biológico-cultural, pues la dimensión racional del hombre tiene su propia consistencia. 

La increíble pluralidad de las costumbres

La antropología, esto es, el estudio de la realidad humana, ha puesto de relieve la diversidad enorme de las costumbres humanas, así como la imposibilidad de naturalizar u otorgar carácter normativo (es decir, calificar como «natural» o «conforme a la norma») a ninguna costumbre humana, fijándola como si se tratara de un rasgo constitutivo de la naturaleza humana. La dimensión cultural del ser humano abre un inmenso espacio, en el cual las posibilidades que aparecen son múltiples.

21. COSTUMBRES SEXUALES: A modo de ejemplo de la pluralidad de costumbres que se abren en la dimensión cultural del ser humano, podemos leer el siguiente artículo publicado en el diario español ABC, de título «Las prácticas sexuales más pertubadoras de la historia» (puede leerse AQUÍ en PDF). Anota algunas de tus impresiones tras leer el texto.

Pero el hecho de que nuestra dimensión cultural multiplique las posibilidades de variedad de nuestras costumbres no implicaría que «todo vale». Lo cierto es que, si restringiéramos nuestro análisis al terreno de la antropología y del estudio de las costumbres humanas, habría que decir que valen muchas más cosas de las que podríamos imaginarnos. Y no podemos derivar lo que debe ser (el «deber ser», la norma) de lo que, simplemente, de hecho, es. De este modo, dado que, sencillamente, podemos observar entre los seres humanos y sus culturas multitud de costumbres distintas, no cabe establecer ninguna de ellas como más válida que las demás. Como no existe una «naturaleza humana» cerrada, y ya que la cultura abre infinitas posibilidades, podemos decir que el hombre es como un libro sin guión. La antropología (el estudio de la realidad humana, incluyendo su diversidad cultural y de costumbres) no puede establecer un criterio normativo para prescribir (ordenar) lo que debe ser el ser humano, partiendo de lo que es.

El estudio antropológico de las diferentes costumbres que se observan entre los grupos humanos pone de relieve la falacia consistente en pretender apelar a «la naturaleza humana» para imponer unos contenidos culturales concretos y particulares como si fueran universales. No obstante, esto no quiere decir que no quede espacio alguno para la universalidad y, de ese modo, la posibilidad de poner coto al relativismo cultural (al «todo vale»): mediante la razón (práctica), como se estudiará más adelante si se desea, puede alcanzarse esa universalidad y combatir el relativismo.

La razón como verdadera diferencia

En última instancia cabría decir que la única definición que puede hacer justicia a ese particular entre que somos nosotros mismos es una de las más antiguas, que se ha mantenido desde la cultura griega antigua: la del hombre como «animal racional». La naturaleza humana (que en el título del tema anterior hemos calificado de «mito»), si la hubiere, no podría consistir en un conjunto de rasgos que estableciesen qué tipo de cosas debe hacer el ser humano, cómo debe ser (egoísta, altruista, heterosexual, homosexual, pansexual, competitivo, cooperativo, religioso…). Por el contrario, más bien, la naturaleza humana consistiría en la constatación de que el ser humano no está hecho, que se hace a sí mismo y, en última instancia, sobre todo, que es capaz de darse leyes a sí mismo de manera autónoma. El filósofo Immanuel Kant lo expresa así:

«No nos queda, pues, para señalarle al hombre la clase a la que pertenece en el sistema de la naturaleza viva y así caracterizarle, otra cosa sino decir que tiene un carácter que él mismo se ha creado, al ser capaz de perfeccionarse de acuerdo a los fines que él mismo se señala; gracias a lo cual, y como animal dotado de la facultad de la razón, puede hacer de sí un animal racional»

Immanuel Kant, Antropología en sentido pragmático, Versión española de José Gaos, Alianza Editorial, Madrid, 1991, pp. 277-278

Si el ser humano no fuese, además de un «animal cultural», un «animal racional», no podríamos hablar de libertad humana. Ocurriría, más bien, que al igual que las vacas están determinadas –biológicamente– a pastar y las garrapatas a chupar sangre, el ser humano estaría determinado –culturalmente– a ir a misa los domingos, casarse, vestirse de determinada manera o considerar que las vacas son sagradas. Pero lo cierto es que ninguna teoría que pretenda reducir al ser humano a lo biológico o a lo cultural, o a cualquier combinación de ambas dimensiones puede hacer justicia a la definición que nos ha llegado desde la Grecia antigua: el hombre es un animal racional. No obstante, con esto no queda nada más que planteada la cuestión: queda por ahondar precisamente en la cuestión de en qué consiste esa dimensión racional del ser humano. ¿Qué quiere decir que somos seres racionales?

21. LA EMERGENCIA VIRAL Y EL MUNDO DE MAÑANA: Lee este texto del filósofo Byung-Chul Han (lo puedes descargar AQUÍ) en el que escribe sobre la actual situación de crisis global por la pandemia ocasionada por el coronavirus. Responde a las siguientes preguntas:

A) Resumen en pocas líneas lo más significativo del texto.
B) Comenta el último párrafo:

«El virus no vencerá al capitalismo. La revolución viral no llegará a producirse. Ningún virus es capaz de hacer la revolución. El virus nos aísla e individualiza. No genera ningún sentimiento colectivo fuerte. De algún modo, cada uno se preocupa solo de su propia supervivencia. La solidaridad consistente en guardar distancias mutuas no es una solidaridad que permita soñar con una sociedad distinta, más pacífica, más justa. No podemos dejar la revolución en manos del virus. Confiemos en que tras el virus venga una revolución humana. Somos NOSOTROS, PERSONAS dotadas de RAZÓN, quienes tenemos que repensar y restringir radicalmente el capitalismo destructivo, y también nuestra ilimitada y destructiva movilidad, para salvarnos a nosotros, para salvar el clima y nuestro bello planeta».

  • ¿Qué significa que «ningún virus es capaz de hacer la revolución»? ¿De qué revolución crees que está hablando y qué relación puede guardar con «el proyecto político de la ilustración» surgido en la historia de la filosofía, del cual hemos hablado en temas anteriores?
  • ¿Qué papel otorga el texto a «nosotros, personas dotados de razón»?
  • ¿Qué relación guarda este párrafo final con el texto de Kant que hemos leído antes?