Unidad 4. La explicación metafísica de la realidad

FILOSOFÍA – 1º DE BACHILLERATO

UNIDAD 4. LA EXPLICACIÓN METAFÍSICA DE LA REALIDAD

1. La metafísica y el estudio del ser
– Origen del término
– La realidad
– El estudio del ser
– Realidad y apariencia
– Orientaciones de la metafísica

2. Metafísicas espiritualistas: ¿qué es el espiritualismo?
– Algunos planteamientos espiritualistas: el idealismo platónico, la realidad sustancial cartesiana, el absolutismo hegeliano
– Problemas del espiritualismo

3. Metafísicas materialistas: ¿qué es el materialismo?
– Algunos planteamientos materialistas: el atomismo clásico, el materialismo histórico
– Problemas del materialismo

4. Actualidad de la metafísica

La explicación metafísica de la realidad (presentación en PDF)

FUENTES principales para la elaboración de los apuntes:
Juan Méndez Camarasa et al., Filosofía 1, Edebé, Barcelona, 2016
César Tejedor Campomanes, Introducción al pensamiento filosófico, SM, Madrid, 1996
César Tejedor Campomanes, Historia de la Filosofía en su marco cultural, SM, Madrid, 1993
Tomás Calvo Martínez y Juan Manuel Navarro Cordón, Filosofía, 3º Bachillerato, Anaya, Madrid, 1990
Fernando González Ruiz, Agustín González Ruiz, Filosofía, Proyecto Episteme, 1º Bachillerato, Akal, Madrid, 2002.


Apuntes en PDF de la unidad 4: “La explicación metafísica de la realidad”
Actividades en PDF de la unidad 4: “La explicación metafísica de la realidad”

The Matrix: ficha en PDF con actividades sobre la película

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Isabelle Millon y Oscar Brenifier, Cuaderno de ejercicios filosóficos. 111 ejercicios de práctica filosófica, Instituto de Prácticas Filosóficas, ejercicio 83: «La realidad»

Isabelle Millon y Oscar Brenifier, Cuaderno de ejercicios filosóficos. 111 ejercicios de práctica filosófica, Instituto de Prácticas Filosóficas, ejercicio 80: «Ser y apariencia»

1. La metafísica y el estudio del ser

¿Cuál es la esencia de las cosas? ¿Qué tipo de cambios pueden experimentar las cosas sin dejar de ser lo que son? ¿Eres la misma persona que eras hace 10 años? ¿Existen otras entidades, además de los objetos físicos que podemos percibir con nuestros sentidos? Los números, las cualidades, los hechos, Dios… ¿podemos decir que existen del mismo modo que decimos que existe una mesa? ¿Somos los seres humanos meros objetos físicos o, en cambio, existe algo en nosotros que sea no-físico? ¿Qué significa ser consciente? ¿Qué significa que un hecho sea causa de otro hecho? ¿Un hecho del presente puede modificar el pasado? ¿Existen las leyes de la naturaleza? ¿Por qué hay algo en lugar de nada? ¿Existe la justicia? ¿Existe el amor? ¿Qué es el amor?

Hay una rama de la filosofía que trata de responder estas difíciles cuestiones. Es una rama un poco extraña y difícil y, para algunas personas, ni siquiera existe. Se puede decir que la metafísica es una “ciencia buscada”, un saber anhelado por la humanidad, pues trata cuestiones que todas las personas nos hacemos pero que, lamentablemente, no podemos llegar a responder de un modo definitivo, pues sobrepasan nuestras facultades cognoscitivas.

El filósofo Immanuel Kant (1724-1804) lo expresó así:

Immanuel Kant, Crítica de la razón pura, traducción de Pedro Ribas, Alfaguara, Madrid, 1997, prólogo de la primera edición, A VII, p. 7

La metafísica se ocupa de una gran variedad de preguntas muy generales acerca de la estructura del mundo. Su interés no es tanto cómo podemos llegar a conocer esa estructura del mundo (de lo cual se ocupa, como vimos en otro vídeo/tema, la epistemología), sino de esa estructura del mundo en sí. La metafísica trata de estudiar aquello que está en el mundo y cómo es a un nivel general muy amplio y abstracto. Aristóteles define la metafísica, aun sin usar esa palabra, como la “ciencia que estudia el ser en tanto que ser”.

Aristóteles, Metafísica, introducción, traducción y notas de Tomás Calvo Martínez, Editorial Gredos, Madrid, 1998, p. 161 (Libro IV, Capítulo I, 1003a 20)
Tomás Alvira, Luis Clavell, Tomás Melendo, Metafísica, Eunsa, Navarra, 2001, p. 20

– Origen del término

Se dice, y se acepta tradicionalmente, que fue Andrónico de Rodas (siglo I a. C.). quien acuñó el término metafísica.

Cuenta la leyenda que, al ordenar los libros de Aristóteles, Andrónico se encontró con una serie de obras inclasificables, ya que no trataban cuestiones de filosofía natural, ni de lógica, ni de ética. Decidió colocar estos libros a continuación de los libros de física (decisión que no debió de ser casual) y agruparlos bajo un mismo título que hiciese referencia al lugar que ocupaban en la biblioteca; esto es, τὰ μετὰ τὰ φυσικά [tá metá tá physiká], es decir, “los que están detrás de la física” o, más exactamente, “las cosas que están detrás de las cosas físicas”. Detrás o “más allá”.

Jean Grondin, Introducción a la metafísca, traducción de Antoni Martínez Riu, Herder, Barcelona, 2006, pp. 25-26

En definitiva, según nos indica el propio nombre, la metafísica será un estudio o saber de la realidad, pero de la realidad entendida, no como lo hace la ciencia, sino en un sentido más amplio y profundo.

Juan Méndez Camarasa et al., Filosofía 1, Edebé, Barcelona, 2016, p. 86

Jesús Conill SanchoEl crepúsculo de la metafísica, Anthropos, Barcelona, 1988, p. 16 (v. también pp: 171819 y 20 [definición y características de la metafísica])

– La realidad

¿Qué es la realidad? ¿Qué es real? Una definición intuitiva de la realidad nos llevará a decir que la realidad está constituida por el conjunto de todo lo que existe o es. Esta afirmación, por otra parte, no deja de ser problemática, pues: ¿existen los unicornios? ¿y los dragones? ¿y el amor? ¿y la belleza o la justicia, existen?; aunque no podamos verlos a simple vista, ¿existen los átomos de la misma manera que existen los árboles o los caballos?

Responder a estas preguntas no es fácil pues, aunque parece claro que los unicornios o los caballos no existen de la misma manera, tampoco podemos negar que ambos tienen algún tipo de existencia.

Clarificar y precisas estas intuiciones que tenemos acerca de la realidad ha sido, desde siempre, una de las pretensiones fundamentales de la metafísica, por lo que contamos con muchas y diversas teorías acerca de ello. Por el momento, nosotros vamos aquí a señalar, de modo general, dos concepciones básicas de la realidad:

  • En un sentido restrictivo, la realidad es todo aquello que nos rodea y de lo que podemos tener experiencia; bien porque se trate de seres observables por los sentidos (árboles), bien porque puedan observarse gracias a instrumentos como microscopios o telescopios (átomos, planetas), o porque podamos constatar su existencia (ley de gravitación universal). Esta concepción de la realidad coincide con la concepción científica de la realidad física o material.
  • En un sentido amplio, se considera que no solo tienen existencia los seres materiales y observables de la ciencia, sino también realidades subjetivas que conocemos íntimamente (sentimientos, ideas, creencias, …), productos culturales, (personajes literarios, mitológicos…), realidades inmateriales o espirituales (la mente, Dios, la libertad, la justicia…). Incluso, se puede considerar real la esencia misma de las cosas; esto es, aquello que  no podemos observar pero que dota de sentido a la realidad material.

Por ejemplo, ¿qué es el amor? Una posible respuesta -restrictiva- sería la siguiente: “la concentración de las hormonas oxitocina y vasopresina, que actúan sobre numerosos sistemas del interior del cerebro, interactuando sobre todo con el sistema de recompensa dopaminérgico y pudiendo estimular la liberación de dopamina por el hipotálamo. Las vías dopaminérgicas activadas durante el amor romántico crean una sensación placentera gratificante”. Pero, ¿nos parece suficiente esta explicación?.

“¿Qué es el amor? Esto es lo que nos dice la ciencia”, en El País, 19 de julio de 2016 (https://elpais.com/elpais/2016/07/14/ciencia/1468517563_508117.html)

Sobre el amor los filósofos y filósofas han reflexionado mucho. El primero que utilizó la idea del amor en un sentido cósmico-metafísico fue Empédocles de Agrigento (495-444 a. C.), que consideró el amor y el conflicto o lucha (odio) como principios de unión y separación de los elementos que constituyen el universo.

Empédocles de Acragas, 348, en G. S. Kirk, J. E. Raven y M. Schofield, Los filósofos presocráticos. Historia crítica con selección de textos, versión española de Jesús García Fernández, Editorial Gredos, Madrid, 1999, p. 409

En Platón, por otro lado, el amor a las cosas particulares y a los seres humanos particulares no es sino un reflejo, una participación, del amor a la belleza absoluta, que es la idea de lo Bello en sí.

“Bajo la influencia del verdadero y puro amor, el alma asciende hacia la contemplación de lo ideal y eterno. Las diversas bellezas -o reflejos de lo bello- que se hallan en el mundo son usadas como peldaños en una escalera que lleva a la cumbre, la cual es el conocimiento puro y desinteresado de la esencia de la belleza”

“Amor” (en Platón), en José Ferrater Mora, Diccionario de Filosofía, Tomo I (A-D), Editorial Ariel, Barcelona, 1998, p. 134

Platón, Banquete, traducción de M. Martínez Hernández, en Platón, Diálogos III, Gredos, Madrid, 1997, p. 264 (211c)

– El estudio del ser

Jean Grondin, Introducción a la metafísca, traducción de Antoni Martínez Riu, Herder, Barcelona, 2006, p. 22

La metafísica es, pues, un tipo de saber más global y ambicioso que el científico, porque trata también de dar cuenta de aquellos aspectos de la realidad que, por no ser observables, quedan fuera de las consideraciones científicas. Aristóteles describe este saber -esta ciencia buscada-, como hemos visto, con las siguientes palabras: “hay una ciencia que estudia lo que es, en tanto que algo que es, y los atributos que, por sí mismo, le pertenecen”.

¿Qué significa la expresión “lo que es”? Desde luego que todo esto suena un tanto extraño… Aristóteles explica en el Libro IV de la Metafísica que “la expresión ‘algo que es’ se dice en muchos sentidos, pero en relación con una sola cosa y una sola naturaleza”. Es decir: para Aristóteles hay varias formas de “ser”, pero todas ellas se refieren a una forma primordial de ser, al “ser” propiamente dicho: lo que él llama la substancia o entidad.

Aristóteles, Metafísica, introducción, traducción y notas de Tomás Calvo Martínez, Editorial Gredos, Madrid, 1998, p. 164 (Libro IV, Capítulo II, 1003b 5)

La substancia (la “entidad”) es el “ser” propiamente dicho.

Por eso dice Aristóteles:

Aristóteles, Metafísica, introducción, traducción y notas de Tomás Calvo Martínez, Editorial Gredos, Madrid, 1998, p. 281 (Libro VII, Capítulo I, 1028b)

Aristóteles reprocha a su maestro Platón el haber afirmado que lo verdaderamente real -el “ser” propiamente dicho o la substancia- era la Idea (esas Ideas que, como mencionamos en el tema/vídeo 1 -y comentaremos luego en este-, existen “separadas” de las cosas individuales).

Aristóteles, Metafísica, introducción, traducción y notas de Tomás Calvo Martínez, Editorial Gredos, Madrid, 1998, p. 515 (Libro XIII, Capítulo IV, 1078b 30)

Para Aristóteles, substancias son únicamente los individuos concretos, como Sócrates, esta oliva o esta mesa.

Jean Grondin, Introducción a la metafísca, traducción de Antoni Martínez Riu, Herder, Barcelona, 2006, p. 115

Aún así, Aristóteles concede también la existencia de lo que llama “substancias segundas” (las especies y los géneros: “hombre”, “animal”, “oliva”, “árbol”…): sobre ellas -y no sobre los individuos particulares- trata la ciencia. Los individuos perecen y solo la especie y el género subsiste; y la ciencia estudia lo universal y no lo particular. Pero estos “universales” no existen “separados” de las substancias (como las Ideas platónicas), sino únicamente en ellas. En definitiva, para Aristóteles la substancia primera es lo verdaderamente real.

“especie”, en Real Academia Española © Todos los derechos reservados

Pero, para Aristóteles, hemos dicho, “la expresión ‘algo que es’ se dice en muchos sentidos”; es decir: para Aristóteles hay varias formas de “ser”. La primordial es la substancia (el individuo concreto)Las otras formas de “ser” son modificaciones o accidentes de la substancia: cantidad, cualidad, relación, lugar, tiempo, posición, estado, acción y pasión. Los accidentes, para existir, deben apoyarse en la substancia. Si, por ejemplo, decimos que Juan está sentado, Juansería la substancia y estar sentado un accidente de esa substancia. Otros ejemplos de accidentes serían: Juan tiene 30 años (cantidad), es novio de María (relación), está en su casa ahora (lugar y tiempo), está viendo la tele mientras María le acaricia la cabeza (acción y pasión -de pasivo, de recibir algo-), etc. Pero, como parece evidente, lo más importante, lo esencial, es la substancia (Juan).

La substancia (o “entidad”) y los accidentes son los “géneros supremos” del ser. Aristóteles los llama “categorías”.

Aristóteles, Categorías, en Tratados de lógica (Órganon) I, introducción, traducción y notas de Miguel Candel Sanmartín, Editorial Gredos, Madrid, 1982 [Capítulo 4 (1b25-2a10), pp. 33-34]

– Orientaciones de la metafísica

“Pluralismo”, en José Ferrater Mora, Diccionario de Filosofía, Tomo III (K-P), Editorial Ariel, Barcelona, 2001, p. 2817

Las distintas teorías metafísicas, a la hora de categorizar racionalmente lo real, adoptan orientaciones diferentes. Bajos los rótulos monismopluralismo se engloban teorías que responden a la pregunta por la realidad afirmando que:

  • por encima o por detrás de las aparentes diferencias, todas las cosas vienen a consistir en ser de una misma naturaleza, reducirse a algún elemento fundamental o ser modos de una única y misma sustancia (monismo);
  • o bien respondiendo que entre las cosas que hay se da una irreductible diversidad de naturaleza, esencia o sustancia, de manera que haya que hablar de una radical heterogeneidad entre ellas(pluralismo)

– El monismo en metafísica afirma, pues, que solo hay una especie de realidad de las que todas las restantes “aparentes” realidades serían manifestaciones o modificaciones. A dicha realidad las demás realidades tienen que ser reducidas en última instancia.

  • Las posturas monistas mantenidas en la historia de la filosofía pueden ser reducidas al “materialismo” o al “espiritualismo“, según en qué se ponga lo primario y el principio de todas las cosas, es decir, en la materia o en el espíritu.
  • Tanto el monismo materialista como el monismo espiritualista pueden a su vez ser entendidos de distintas maneras, según lo que se entienda en cada caso por “materia” (hay un materialismo mecanicista, dialéctico, histórico, etc.) o por “espíritu”.

– El pluralismo, por su parte, afirma la diversidad esencial e irreductible de sustancias: se considera que los principios de la realidad son múltiples.

2. Metafísicas espiritualistas: ¿qué es el espiritualismo?

“Idealismo”, en José Ferrater Mora, Diccionario de Filosofía, Tomo II (E-J), Editorial Ariel, Barcelona, 2001, p. 1735
“Espiritualismo”, en José Ferrater Mora, Diccionario de Filosofía, Tomo II (E-J), Editorial Ariel, Barcelona, 2001, p. 1105

Existen una serie de fenómenos que pueden llevarnos a pensar que existe un tipo de realidad distinta a la realidad que nos muestran nuestros sentidos. Pensemos en nosotros mismos haciendo introspección, es decir, mirando nuestro propio interior y nuestro propio estado de ánimo: ¿qué es lo que hay ahí dentro? Podemos llamar a eso que experimentamos nuestras vivencias, nuestros sentimientos. A esas vivencias y a esos sentimientos solo tengo acceso yo. Es cierto que, mientras yo estoy feliz o melancólico, ciertos procesos ocurren en mi cabeza con mis neuronas; es cierto, también, que alguien puede intentar -y conseguir- manipular mis sentimientos y mis creencias internas; es cierto, también, que puedo consumir determinadas substancias o fármacos que modifiquen esa vivencia interna mía; pero eso que yo siento, esa vivencia interna mía, es solo mía y a ella solo tengo acceso yo. Eso que yo siento puedo intentar transmitirlo aproximadamente con palabras o con arte. De hecho, la comunicación entre seres humanos es posible porque presuponemos que nuestras vivencias son similares; pero esto es algo que no puede comprobarse, pues nadie puede “meterse dentro de mi cabeza” para experimentar lo que yo estoy experimentando. Mi vivencia es solo mía, solo yo tengo acceso a ella. Este hecho, por ejemplo, ha podido llevar a pensar que “hay algo diferente” dentro de nosotros; algo diferente a la realidad objetiva y material exterior; algo radicalmente subjetivo que, tal vez, sea inmaterial, espiritual.

Es difícil definir la postura espiritualista. Pero podemos intentarlo: si piensas que la realidad exterior que percibimos por nuestros sentidos es solo una apariencia, una ilusión producida por nuestra particular y deficiente capacidad de experimentar el mundo; si estás convencido de que, por debajo de las confusas y cambiantes apariencias, existe una realidad auténtica que, a pesar de no poderse captar por los sentidos, constituye el verdadero soporte de la información que nos transmiten…

Si estás convencido de que eres algo más que un cuerpo y un cerebro. Si piensas que tus ideas, sentimientos y creencias no se pueden identificar con estados neurofisiológicos de tu cerebro, porque tú eres algo más que conexiones nerviosas y materia. Si piensas que lo que verdaderamente eres, tu identidad como persona, es tu mente o tu alma y que, además, esta es lo más valioso que tienes, aquello que garantizará tu supervivencia más allá de tu cuerpo…

Si crees que debe de haber algo más. Si las explicaciones de la ciencia no te dejan del todo satisfecho porque necesitas creer en la existencia de algo más que dé sentido a nuestras vidas y al mundo. Si crees que existe un Dios o un principio que es la causa y la razón de todo lo que hay…

Si compartes alguna de estas ideas, entonces puedes considerarte espiritualista, ya que contemplas la existencia de una realidad que no se puede identificar o reducir a la realidad física o material, ya sea la esencia inmaterial de las cosas, la mente o Dios.

Entonces, ¿qué es eso del espiritualismo? Bajo la etiqueta de espiritualismo o metafísicas espiritualistas se agrupan teorías que sostienen que, por debajo de la realidad material de la que tenemos experiencia, existe una realidad espiritual que le da sentido. Ahora bien, ¿en qué consiste esa realidad espiritual? Las diferentes maneras de responder a esta pregunta nos lleva a hablar de diferentes planteamientos espiritualistas.

VV. AA., Diccionario Ilustrado Latín, VOX, Lenguas Clásicas, Larousse Editorial, Barcelona, 2011

– Algunos planteamientos espiritualistas: el idealismo platónico, la realidad sustancial cartesiana, el absolutismo hegeliano

El idealismo platónico

Platón no solo defiende la existencia de una realidad espiritual más allá de la material, sino que mantiene su primacía respecto a esta. Este mundo en el que habitamos, imperfecto y cambiante, imprevisible, es tan solo una sombra, un pálido reflejo del mundo ideal. La primera realidad o mundo de las ideas está formado por ideas eternas (ni nacen ni mueren), inmutables (no cambian) y perfectas. Hay Ideas de todas las cosas (el cabello, el barro, …), Ideas morales (el Bien, la Justicia, …), estéticas (la Belleza), matemáticas (Unidad, …), etc. Estas Ideas constituyen la auténtica realidad, el Ser, y son imperceptibles por los sentidos, pues solo puede captarlas el entendimiento.

Platón, Timeo (52a-b), traducido por Francisco Lisi, en Diálogos VI, Editorial Gredos, Madrid, 1992, p. 204

Las Ideas son “esencias”, es decir, aquello por lo que una cosa particular es lo que es. Así, por ejemplo, la Idea de belleza es la Belleza en sí, esto es, aquello por lo que las cosas bellas son bellas. Estas Ideas existen separadas de las cosas particulares (no como, como hemos visto, ocurre en el pensamiento de Aristóteles, donde los “universales” existen únicamente en las substancias).

El objeto de la ciencia solo pueden ser las Ideas; por otro lado, los gobernantes han de ser filósofos que se guíen, no por su ambición política, sino por ideales (las Ideas) transcendentes y absolutos.

Entre las Ideas y las cosas hay una relación de participación o imitación: las personas y las acciones que consideramos justas, por ejemplo, lo son porque participan de la Idea perfecta de Justicia.

La teoría implica, pues, una duplicación del mundo: por un lado, el mundo visible de las cosas particulares; por otro, el mundo inteligible de las Ideas. Esta duplicidad es alegorizadabellamente en el famoso “mito de la caverna” (República, VII): el mundo irreal de las sombras, el mundo real de la luz solar.

En el diálogo platónico Fedón (en el que Sócrates aparece en la cárcel, esperando su ejecución, conversando con sus amigos sobre la inmortalidad), nos encontramos afirmaciones como las siguientes:

Platón, Fedón (65d), traducido por Carlos García Gual, en Diálogos III, Editorial Gredos, Madrid, 1988, pp. 42-43

Platón, Fedón (100 c-e), traducido por Carlos García Gual, en Diálogos III, Editorial Gredos, Madrid, 1988, pp. 110-111

La realidad sustancial cartesiana

Descartes es, también, uno de los representantes históricos del espiritualismo, puesto que se opone al reduccionismo material y pone el “cogito” como punto de partida del filosofar. Para él solo hay tres substancias que podemos afirmar que tienen existencia por sí mismas y que no dependen de otra realidad para existir. De ellas, solo una tiene naturaleza material. Pero, antes que nada, ¿qué es eso del “cogito”?

René Descartes (1596-1650) tiene la osada ambición de querer fundar una nueva filosofía, mejor y más cercana a la verdad que las anteriores. Pero para fundar una nueva filosofía, afirma, es necesario basarse, únicamente, en evidencias absolutas, en ideas “claras y distintas”. ¿Cómo proceder? Descartes escoge el camino de la duda: dudar de todo para ver si queda algo que resista a toda duda, algo de lo que no se pueda dudar y sea cierto. Así, Descartes se pone sistemáticamente a dudar de todo: duda de la información que le proporcionan sus sentidos, de su capacidad de razonar, de si está dormido o despierto… y dudando, dudando, llega a una primera verdad de la que no puede dudar: no puedo dudar de que dudo, es decir, de que piensoY, si pienso, es que soy. Así: pienso luego existo (en latín, cogito, ergo sum).

Descartes, Discurso del método, cuarta parte, traducción y notas de Manuel García Morente, en Biblioteca de Grandes Pensadores, estudio introductorio de Cirilo Flórez Miguel, editorial Gredos, Madrid, 2011, pp. 123-124

Descartes emplea como sinónimos las palabras “substancia” (substantia) y “cosa” (res). Lo propio de la substancia es la existencia independiente: la substancia no necesita de nada más que ella para existir.

René Descartes, Los principios de la filosofía, Biblioteca de los grandes pensadores, Alianza Editorial, Barcelona, 2002 (Parte primera, fragmento 51, p. 52)

De esta definición se sigue que sólo Dios es substancia, puesto que las criaturas necesitan de Dios para existir. Por eso Descartes dice que el concepto de “substancia” no se refiere del mismo modo a Dios que a las criaturas. Tres son las substancias que concibe Descartes:

  • Res cogitans: substancia pensante o alma. Su esencia o atributo es el pensamiento y, aunque es una substancia imperfecta, posee una potente arma: la razón
  • Res extensa: substancia material. La forman todos aquellos seres que tienen una localización espacio-temporal y que están sometidos a las leyes de la física.
  • Res infinita: substancia divina o Dios. Descartes descubre en su alma una idea singular: la idea de perfección. ¿De dónde procede tal idea? No puede haber sido construida por mí mismo, ni venir de fuera, ya que ni yo ni las cosas del mundo somos perfectos: tiene que ser una idea innata, puesta en mí por un ser que realmente sea perfecto: Dios. Dios, por tanto, existeOntológicamente (en relación al ser) es la realidad suprema y es la que garantiza nuestro conocimiento sobre la realidad. En sentido estricto, es la única que propiamente merece el calificativo de substancia, ya que es la única que no ha sido creada por nadie y que existe por sí misma.

El absolutismo hegeliano

El sistema filosófico de Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770–1831) (Jorge Guillermo Federico Hegel) puede entenderse como la culminación o radicalización del espiritualismo, puesto que Hegel no parcela la realidad en diferentes mundos o substancias, sino que considera una sola realidad que es pensamiento, idea o espíritu.

La aventura del pensamiento: Hegel (presentado por Fernando Savater. Canal Encuentro)

Hegel construye un inmenso sistema en el que se ordenan todos los conocimientos de su época. Para este autor, la filosofía debe englobar todo lo que es, comprender lo real en su totalidad, pensar la historia y pensar todas las cosas.

Georg W. F. Hegel, Rasgos fundamentales de la filosofía del derecho o compendio de derecho natural y ciencia del estado, traducción de Eduardo Vásquez, Biblioteca Nueva, Madrid, 2000, p. 76 (prefacio)

Hegel llama a esta realidad total Espíritu absoluto, porque contiene en sí la totalidad de lo real. Sin embargo, este Espíritu o totalidad no nos es dado de una vez, desde el principio, sino que es el producto final de un proceso dinámico de maduración, al que Hegel denomina dialéctica.

Este proceso histórico o dialéctico consiste en la confrontación y superación de los contrarios, de las contradicciones de la realidad, que finalmente se reconcilian. El final de este proceso, la finalidad de todo acontecer histórico, es el Espíritu absoluto, es decir, la autoconciencia, el conocimiento total, por el cual la humanidad será más racional y, por tanto, más libre.

La obra de Hegel es tan compleja y rica que es completamente imposible expresarla en unas pocas líneas. Lo mejor es acercarse uno mismo a ella, aunque sea poco a poco, despacito.

– Problemas del espiritualismo

Las variadas tesis espiritualistas plantean muchos problemas desde distintas perspectivas. Desde el punto de vista epistemológico, por ejemplo, surge el problema de que, mientras que de la realidad material poseemos experiencia sensorial, base del conocimiento común, incluso del conocimiento científico, no queda clara la forma de acceder a realidades como Dios o la mente.

Por otro lado, y desde el punto de vista ontológico, al predicar la existencia de distintos tipos de realidades (el mundo ideal y el mundo material en Platón o las tres substancias en Descartes), se hace necesaria la explicación de la relación que hay entre estas realidades: debe de haber alguna relación entre la esencia de las cosas (las Ideas) y las cosas mismas, o entre la mente (substancia pensante) y el cuerpo (substancia extensa). Este punto no parece quedar demasiado claro.

3. Metafísicas materialistas: ¿qué es el materialismo?

Definir en qué consiste la materia o lo material no es algo fácil. En una primera aproximación general, la materia es aquello de lo que están hechas las cosas que percibimos por los sentidos (aquello que vemos, oímos, tocamos, olemos o saboreamos). A pesar de la diversidad de cosas que podemos observar, decimos, por lo que nos han enseñado en la escuela, que la realidad está compuesta, “en el fondo”, por átomos y estos, a su vez, por partículas subatómicas, las mismas para todas las cosas, que, sin embargo, no resultan ya directamente accesibles a nuestros sentidos.

Carlos Ulises Moulines, “Por qué no soy materialista”, Crítica. Revista hispanoamericana de filosofía, volumen 9, número 26, agosto 1977

Desde la filosofía se ha entendido la materia, fundamentalmente, como sustrato de los cambios(algo que puede llegar a ser numerosas cosas potencialmente), como elemento del que se componen las cosas y como aquello que se percibe por los sentidos.

Pero, ¿qué es ser materialista? De nuevo, no se trata, en absoluto, de una cuestión fácil ni exenta de polémica. Además, no hay un solo tipo de materialismo. Pero bueno, vamos a tratar de señalar algunas notas que pueden servir para definir una postura materialista.

Un materialista es alguien que solo da crédito a los conocimientos probados que proporcionan las ciencias; para un materialista, lo único seguro y garantizado es aquello de lo que tenemos experiencia. Los seres humanos, para un materialista, son, tal vez, un animal más, al que la evolución ha dotado de un complejo y sofisticado instrumento llamado cerebro, responsable de todas nuestras ideas, creencias, sentimientos… Es una ilusión pensar que somos algún tipo de seres privilegiados, dotados de un alma inmortal independiente de nuestro cuerpo. Un materialista, en principio, no cree en la existencia de un ser superior, sea este como sea, que es la causa y la explicación de todo lo que nos rodea.

Bajo la etiqueta “metafísicas materialistas” englobamos a algunos heterogéneos pensadores que niegan la existencia de realidades de tipo espiritual o, al menos, conceden primacía a la realidad material.

– Algunos planteamientos materialistas: el atomismo clásico, el materialismo histórico

El atomismo clásico

Los atomistas griegos, Demócrito de Abdera (aprox. 460-370) y su maestro Leucipo, fueron precursores de la moderna teoría atómica, planteando que toda la realidad se reduce a átomos y vacío.

Leucipo y Demócrito, Los filósofos presocráticos III, introducción, traducción y notas del capítulo a cargo de María Isabel Santa Cruz de Prunes y Néstor Luis Cordero, Editorial Gredos, Madrid, 1997, p. 188

El mundo consta de infinitas partículas indivisibles (por eso reciben el nombre de “átomos”), sólidas y llenas, inmutables. Todos los átomos son esencialmente iguales, y solo difieren en la figura, el tamaño y la posición. Todo lo que existe son combinaciones de átomos y vacío. Los cambios que observamos en la naturaleza son fruto de la reconfiguración de estos conglomerados de átomos, y dichos cambios son posibles gracias a la existencia de vacío (espacio entre átomo y átomo). Los átomos se mueven libre y espontáneamente. Por eso, el modelo físico atomista no necesita recurrir a dioses que expliquen lo real ni sus transformaciones. Materia, vacío y movimiento: eso es todo. Una explicación de este tipo se denominará más tarde mecanicismo.

El materialismo histórico

El materialismo de Karl Heinrich Marx​​ (1818-1883) es bastante complejo y no consiste en la simple afirmación de que “todo es materia”.

“Siempre que el pensamiento se mueva por sí mismo, ahí tienes idealismo. El pensamiento lo mueve -dice Marx- una cabeza (Kopf), una cabezota. Si no hay una cabezota no se mueve el pensamiento”.

El materialismo de Marx parece tener una significación polémica y práctica: se opone tanto al idealismo de Hegel (pues Hegel parece haber convertido al hombre en puro espíritu, en lugar de considerarlo como un ser real, concreto y sensible), como al materialismo “clásico” (aquel que parece reducir la materia a leyes mecánicas).

Para Marx el ser humano no es un ser contemplativo, sino un ser activo que transforma la Naturaleza. El mundo que nos rodea es un producto histórico, es el resultado de la transformación que las generaciones precedentes han realizado.

C. Marx & F. Engels, “Feuerbach. Oposición entre las concepciones materialista e idealista” (Primer Capitulo de La Ideología Alemana): https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/feuerbach/2.htm

El amigo y compañero de Marx, Friedrich Engels (1820-1895), definió el materialismo histórico como “la concepción de la historia universal que ve la causa final y la fuerza propulsora decisiva de todos los acontecimientos históricos importantes en el desarrollo económico de la sociedad, en las transformaciones del modo de producción y de cambio, en la consiguiente división de la sociedad en distintas clases y en las luchas de estas clases entre sí”.

Federico Engels, Del socialismo utópico al socialismo científico, Colección “Jóvenes clásicos”, UJCE, Madrid (edición en PDF)

 

Marx considera que la historia y todo proceso humano o natural tienen causas materiales. No es el espíritu, la conciencia o el pensamiento el que en su desarrollo conforma la realidad y la historia. En otras palabras: no es la ideología, las creencias, las teorías… las que determinan la forma de vida (la realidad material), sino que, al contrario, son las condiciones materiales de vida de un momento concreto (los medios de producción, las relaciones de producción) las que determinan la ideología imperante.

Karl Marx, Contribución a la crítica de la economía política, edición de Jorge Tula, Siglo XXI, Madrid, 2008, prólogo, pp. 4 y 5

(6:37) Los materialismos de la antigüedad (Demócrito, Epicuro, Lucrecio) explicaban que la realidad está compuesta de átomos, que no hay espíritu sino que todo es cuerpo, etc. Pero no se introducían en el campo de lo histórico. El materialismo de Marx parte de estos materialistas de la antigüedad pero introduce la dimensión histórica: lo importante no es que todo sea material, que no haya elementos espirituales en la realidad, sino que hay que señalar que todo esto influye en la historia. También los pueblos, las sociedades, el mundo en el que vivimos, está basado en las condiciones materiales, y no en los ideales del tipo que sean.

– Problemas del materialismo

La cuestión del materialismo no es fácil y afirmar la existencia de una realidad material es tan problemático como afirmar la existencia de realidades espirituales ¿Cómo demostrar o conocer su existencia? Nuestras sensaciones son subjetivas, son estados mentales: ¿qué nos hace pensar que están provocadas por una realidad material independiente de nuestra mente? Acerca de esta relación no es posible experiencia alguna y, por lo tanto, no es posible conocimiento alguno.

Por otro lado, dependiendo de el materialismo que se trate, puede darse asociada al mismo una concepción mecanicista según la cual todos los sucesos del mundo responden a inalterables leyes causales. Pero si, por ejemplo, incluso nuestro comportamiento puede ser explicado y previsto por referencia a su causa, ¿dónde queda la libertad humana?

Con respecto al problema mente/cerebro, para el materialismo mente y cerebro serían la misma cosa: todos nuestros estados y procesos mentales (como, por ejemplo, el enamoramiento, el recuerdo de un momento de mi infancia, etc.) son identificables con estados neuronales del cerebro. Pero este problema sigue sin estar resuelto de modo evidente.

4. Actualidad de la metafísica

Jesús Conill, El crepúsculo de la metafísica, Anthropos, Barcelona, 1988, introducción, pp. 11-12

La explicación metafísica de la realidad no se agota, ni mucho menos, en la exposición que hemos hecho aquí. Quedan muchos autores y problemas importantes sin ni siquiera mencionar. En cualquier caso, si al menos algo ha quedado claro acerca del tipo de aproximación a la realidad que pretende realizar la metafísica, el esfuerzo realizado en ver y pensar este vídeo/tema no ha sido en vano.

La metafísica está en crisis. Aunque siempre, en el fondo, lo estuvo. La razón de ello se debe, tal vez, a la osada pretensión de esta rama de la filosofía: si la metafísica pretende ser una teoría general de la realidad, parece que ya los saberes científicos y técnicos realizan mejor esa pretendida función. O al menos, estos saberes parecen favorecer el progreso y hacernos la vida más cómoda, fácil y larga. ¿No es, pues, la metafísica una pretensión y un esfuerzo inútiles? Tal vez lo sea.

Pero, ¿para qué surgió este saber? La metafísica, surgida con la filosofía, nació probablemente como esfuerzo intelectual para orientarnos en el mundo, para saber estar en la realidad, como una tendencia natural hacia la verdad, como una respuesta a un anhelo humano por la felicidad. ¿Alguien cree, verdaderamente, que podamos algún día dejar de hacernos preguntas metafísicas, preguntas acerca del sentido último de nuestra propia existencia?